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LA DULZURA NO TIENE PRECIO
Muchas veces me crucé con esa chica en el complejo deportivo mientras yo caminaba y ella al parecer acompañaba a sus niños a jugar y montar bicicleta en una aparente rutina familiar. Llamó mi atención su aretito en la nariz, su rubio esposo y sus lindos hijos, pero jamás cruzamos una palabra, hasta aquel bendito día en que desesperada de un dolor llegué a ese consultorio donde me la encontré.
No imaginaba esa joven que aquel día el menor de mis problemas era ese intenso dolor en mi boca y el río que corría por mi cara. No se si fue compasión, gajes del oficio o todo ese derroche de dulzura le sale natural, pero esa mañana esa linda doctora apaciguó mi espíritu desorientado por el dolor y el trajinar del día a día desde la primera palabra y quizás ni cuenta se dio.
Todo eso acompañado de un tono maternal, de ejercicios de relajación y las recomendaciones necesarias para mi pronta mejoría, digno de imitar por otros médicos que ven la salud como una venta de mercado o una simple forma para ganar dinero, donde los pacientes son solo el medio para lograr sus metas.
No imaginó quizás esa dentista que tenía en sus manos a una persona exigente, observadora y crítica pero sobre todo muy sensible y perceptiva, que apreció cada detalle y cada gesto de amabilidad que tuvo con mi humilde persona, que al parecer no le costó ningún esfuerzo y logró un efecto mágico en mí con una simple mezcla de paciencia, seguridad y dulzura, por lo que esa mañana yo habría pagado el doble del precio de la cirugía.
Una vez escuché que una joven en Estados Unidos salió de su casa dispuesta a quitarse la vida y dijo "si de camino al puente colgante alguien me regala una sonrisa no me lanzo", la chica se lanzó. Seamos amables aún sin conocer las personas, porque vemos caras no corazones y no sabemos cuándo o cómo hacemos bien con un simple gesto de cortesía. Gracias doctora Danny Carela. [Volver a la seccion] |