Este dios, que se burlaba de las divinidades, fue el predilecto de las pequeñas cortes feudales.
Era presentado con las características propias del bufón: Gorro con cascabeles, cetro y máscaras. En la actualidad, en los carnavales de muchos países se representa a Momo como el rey de las fiestas.
El sábado de mal humor, o sea, la víspera del domingo de carnaval, la famosa divinidad desfila al frente de un bullicioso cortejo que se dirige al cementerio más cercano, donde el mal humor recibirá sepultura, será quemado o fusilado.
Desde su cómico carro alegórico, Momo divierte al público con sus bromas.
Al día siguiente, después de cederle el trono a la reina de la festividad, desaparece entre los cientos de enmascarados, arrojando venenosas palabras y lamentando la pérdida de su reinado.
MOMO personifica la crítica jocosa, la burla inteligente.
Habitualmente se le representa vestido de arlequín, escondido tras una máscara que levanta de los rostros de lo demás, o del suyo propio, y acompañando cada una de sus manifestaciones con un palitroque terminado en forma de cabeza de muñeco, símbolo de la locura.
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